Casi como un llamado antiguo que comienza a tomar forma, a veces las palabras guardan secretos ancestrales: memorias que permanecen en silencio hasta que algo las convoca, como la voz de Guriasiña. Entonces afloran, se desprenden y buscan forma en quien decide escucharlas. Como sugiere el prólogo que acompaña la obra —tejido por dos miradas profundas sobre la lengua y la enseñanza—, escribir es también un acto de elección: el gesto de acoger esas voces y permitirles existir. La profesora Mary Rocha asumió ese gesto con fidelidad a su origen, dejándolas resonar en el portuñol de Cruz de San Pedro, territorio de su primera infancia, donde vivió hasta los cinco años.
En ese umbral de lo aún no revelado, en la frontera viva donde las lenguas se entrelazan, Curandera alza una voz singular nacida del portuñol de Rivera. No solo narra: recoge y devuelve una forma de decir que durante mucho tiempo habitó los márgenes. Así, cada palabra se vuelve memoria y presencia, y en esa escritura se abre, con delicadeza y fuerza, un proceso de sanación que encuentra en la lengua su cauce más profundo.
Desde el inicio, Curandera se inscribe en un territorio que no reconoce límites fijos. Es una escritura que nace en la frontera lingüística, cultural y simbólica, pero que no se queda allí: la expande, la atraviesa y la resignifica. En ese gesto, lo local se vuelve universal sin perder su raíz, y lo universal se vuelve íntimo, cercano, encarnado. Hay en esta propuesta una poética del cruce, del mestizaje, de la intersección entre mundos que dialogan más allá de las distancias aparentes.
Antes de ser vestimenta, fue lectura. Antes de la capa y del báculo, hubo páginas abiertas, noches habitadas por palabras y una sensibilidad que aprendió a escuchar lo que no siempre se dice. En el vínculo íntimo y sostenido con los libros —ese gesto casi ritual de leer— comenzó a gestarse el universo de Curandera. Allí, en ese territorio silencioso y fértil, mundos en apariencia lejanos, en tiempo y espacio, encontraron un cauce común en la imaginación de esta profesora de idioma español.
La mitología nórdica, lo ancestral, las narrativas espiritistas, la idea de un tiempo no lineal, los viajes entre dimensiones, la fe en lo invisible y en las tramas sutiles que sostienen la existencia: todo fue sedimentando, capa sobre capa, en su universo creativo. La palabra, entendida no solo como herramienta sino como fuerza evocadora, como acto creador, se volvió eje. Desde niña, esa certeza —difícil de explicar, pero imposible de negar— la acompañó: la vida tiene múltiples planos y no todo lo real es visible.
Es en ese cruce donde la vestimenta de Curandera cobra sentido. La capa, el báculo, las telas largas, la paleta cromática cuidadosamente elegida: todo habla. Son guiños, señales en clave para quien sabe mirar más allá de lo evidente. Cada elemento parece decir que el tiempo no es una línea recta, sino una trama donde conviven lo antiguo y lo presente, lo visible y lo oculto.
Aun cuando el entorno se presenta adverso, la voz que habita Curandera no se detiene en la carencia, sino que elige otra forma de mirar: rescata, en medio de la intemperie, el amor que abriga, la complicidad que sostiene y los lazos que hacen posible continuar. Como deja entrever el prólogo, este gesto no es ingenuo, sino profundamente vital: una manera de nombrar la vida desde lo que la sostiene y no desde lo que la niega. En ese tejido de memorias, los libros aparecen como refugio y apertura, y la escuela pública uruguaya como un territorio de posibilidad donde la palabra encuentra cauce y dignidad.
Curandera, producción independiente bajo el sello editorial Deletreo, ha sido gestada y sostenida íntegramente por su autora en un acto de autonomía y determinación. La obra rescata una lengua y una identidad históricamente invisibilizadas, convirtiendo cada palabra en un acto de resistencia.
El 8 de mayo, a las 18:30 horas, en el Instituto de Formación Docente de Rivera, Curandera nacerá al encuentro con otros: no como inicio, sino como revelación de una palabra que, por fin, se vuelve compartida.
Profesora Mary Rocha
